SAMOS - PORTOMARIN
 
Datos de la etapa

La ruta recorre los siguientes poblaciones: Samos - Sarria - Vilei - Barbadelo - Rente- Mercado - Mouzos - Domiz - Leiman - Peruscallo - Cortiñas - Lavandeire - Brea - Morgade - Ferreiros - Mirallos - Pena - Rozas - Moimentos - Mercadoiro - Moutras -. Parrocha - Vilacha - Portomarín.
Fecha: 24 de Mayo de 2005
MAPA Y PERFIL DE LA ETAPA
Longitud de la ruta: 33,5 kilómetros

Tiempo:   9 horas 30´
Dureza:   Mediana (6)
Altitud mínima:  350 en Portomarín
Altitud máxima:   650 en Rozas

La primera parte de la etapa, hasta Sarria, la realizamos por carretera, unos doce kilómetros, sin embargo existe la posibilidad de hacerlo por caminos, ya que existe una señal al poco de salir de Samos a la derecha. Esta variante da un poco de vuelta, aproximadamente unos 4 kilómetros más.

Una vez pasado Sarria, continua por caminos, con multitud de corredoiras, y atravesando muchas aldeas casi abandonadas. La bajada desde Rozas a Portomarín es bastante dura y pronunciada. 


Integrantes de la etapa

Sebastián
 

Juan

Paco

Guardo

Teresa

Juan

Chencho


Descripción  de la etapa.

Tras no haber dormido, excesivamente en el albergue del Monasterio de Samos, nos levantamos sobre las 6:30, de los primeros, y a las 7 estábamos desayunando en un bar cercano, café y algún bollo.

Yo amanecí ya con dolores en el tobillo izquierdo, que apenas me permitían caminar, con lo que recurrí a grandes dosis de voltarem en pomada. Mi estado psicológico era bastante malo.

Decidimos, acertadamente como se verá más adelante, ir a Sarria por el camino más corto, aunque más feo, esto es , por la carretera.  Son doce kilómetros en los que no nos cruzamos con demasiados vehículos, pero es un tanto peligroso, ya que no existe caminillo paralelo en muchos tramos, debiendo ir por el arcén. Solamente al final, y porque se une la variante que va por el campo, existe un senderillo al lado del arcén.

Atravesamos Sarria, casi sin pararnos, y comenzamos a subir las cuestas finales, donde existen multitud de albergues, y sitios de hospedaje. En esta zona hicimos una pequeña parada, donde tomé una cocacola y una pequeña tableta de chocolate. La idea era almorzar un poco tarde y hacer una especie de almuerzo – comida.

Una vez fuera de Sarria se cruza un pequeño puente, y más adelante las vías del ferrocarril, para adentrarnos en un sinfín de caminos que van pasando por multitud de aldeas, muchas de ellas casi fantasmales.

Los prados y las vacas son nuestros compañeros de viaje, y las corredoiras en este tramo son muchas y casi impracticables en días de lluvia. Tambien comienzan a aparecer los primeros horreos, que hacen funciones de graneros y almacén de frutos.

Llegando a Brea cruzamos la carretera entre Sarria y Portomarín, y hay un bar a la derecha, en el cual no nos detuvimos. A la salida de Brea está el mojón que indica que quedan exactamente 100 kilómetros a Santiago. Este mojón está prácticamente destrozado, lleno de pintadas.

Mis fuerzas flaqueaban enormemente cuando llegamos a Morgade (kilómetro 98). En este punto realizamos la parada para comer. Di buena cuenta de un sabrosísimo caldo gallego y de un enorme filete con patatas que me devolvieron el color y alguna fuerza, con lo que tras descansar cerca de hora y media, y decidir llegar a Portomarín (en un momento dado me incliné por pasar la noche allí), retomé el Camino. Al poco pasamos Ferreiros y Rozas, desde donde se inicia una espectacular bajada hasta Portomarín, donde cruzamos el puente sobre el embalse, y subimos por la escalinata (se agradece ya que ejercitas otros músculos que los que has utilizado para la bajada).

Juan y Teresa frente a una estampa bucólica
Muchas y grandes corredoiras
Juan junto a un horreo

Para dormir en Portomarín

HOTEL: Llegamos sobre las 17:30, y sobre todo yo en un estado deplorable: Ampollas, hinchazón del tobillo, agotamiento... Por lo que no hizo falta mucha presión para que me decidiese por dormir en un hostal. Teresa sin dudar un momento cogió tres habitaciones en el hotel que hay cerca de la plaza. El precio de la habitación triple era de 60 euros, un poco más caro de lo pensado pero no era momento de inventos y búsquedas. Dormimos estupendamente.

ALBERGUE: Por supuesto Juan eligió dormir en el albergue, cuya parte nueva ya estaba llena, pero se habilitaron nuevas literas en el albergue antiguo.



Para comer 

En Morgade. Desde luego una de las mejores comidas del Camino. El caldo gallego revivía a un muerto, y el filete de ternera gallega, grande y sabroso. Un manjar. El sitio es agradable, ya que el comedor aunque pequeñito tiene una especie de saloncito al lado, con unos sillones donde pude recobrar el aliento.

Para la cena escogimos un mesón cerca del albergue en Portomarín. Nada especial. 

Cuaderno de bitácora

Ya de buena mañana y sin haber casi dormido, el mal humor se adueñó de mí, máxime cuando el dolor del tobillo izquierdo se había acrecentado, haciendo difícil el andar.

Me apliqué Voltarem en cantidad, y comencé a caminar sin mucha decisión.

Ya desde el principio fui quedándome atrás, y los dolores iban en aumento, dada la mala posición de apoyo, así el talón izquierdo se fue hinchando, y las ampollas del día anterior comenzaron a reaparecer a la altura de Sarria, adonde llegué con más de media hora de retraso (y eso que era llano y por carretera).

La continuación del Camino hasta la hora de comer se convirtió en un verdadero suplicio, una auténtica penitencia. Los dolores que me producían las botas eran enormes, la tendinitis (más bien creo que era un desgarro muscular) del tobillo no desaparecía, las ampollas cada vez escocían más y el sol comenzaba a aplastar, generando una temperatura de más de 30 grados.. En un momento determinado dudé no sólo de llegar a Santiago, sino de poder regresar a casa. En fin, menos mal que Juan nos estuvo esperando (Teresa iba conmigo, también pasándolo bastante mal), y por fin pudimos recuperar fuerzas en Morgade, donde aparte de comer copiosamente, hubo alguna discusión debido fundamentalmente al agotamiento.

La continuación hasta Portomarín se hizo en grupos separados, ya que había algo de mal rollo, mal rollo que lentamente se iría diluyendo en los días siguientes, y que creo que no afectó (al menos en mi caso) al fondo de lo que significa El Camino de Santiago, que creo que está por encima de pequeñas diferencias humanas.

Ese día coincidimos con el equipo de 125 del mundial de motociclismo que también hacían el camino, aunque sin mochilas, y con un gran despliegue de gente.

Por lo visto esa noche Juan y Guardo salieron un poco de copas, y conocieron al loco de Bétera, al cual volveríamos a encontrar en el albergue de Arca.

Esa tarde noche, estuvimos (todos menos Juan) en un hotel, donde disfrutamos de una ducha increíble, y, creo que todos, nos curamos las ampollas de los pies. Esa noche descansé bastante.

Las vías del tren a la salida de Sarria. "Si vuelvo a casa..."
Las pequeñas granjas jalonaron todo el trayecto Bajando a Portomarín

y las vacas tambien nos acompañaron